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28Noviembre2014

El credo desglosado

De la misma naturaleza del Padre
Alejandra María Sosa Elízaga.- ‘Está en mi naturaleza’, decimos, con relación a algo que es tan nuestro, tan esencialmente propio, que no podemos renunciar a ello ni aun queriendo. Hablar de la propia naturaleza es referirse a la esencia de uno mismo. Así pues, cuando el Credo se refiere a la naturaleza de Jesucristo, está refiriéndose a lo que es inherente a Él, a su propio ser.

¿Qué significa que la naturaleza de Jesucristo sea la misma del Padre?
¿Cómo es la naturaleza del Padre? Es divina. Por lo tanto, como la naturaleza de Jesucristo es la misma del Padre, así como el Padre es Dios, el Hijo es Dios.

¿Por qué era necesario afirmar esto en el Credo?
Para combatir dos herejías: una según la cual Jesús fue solamente humano, y otra que planteaba que por haberse hecho hombre siendo Dios, su divinidad era inferior a la del Padre e incluso se citaba ese texto del Evangelio según san Juan, en el que Jesús declara: “el Padre es más grande que Yo” (Jn 14, 28). Esto es una mala interpretación. Recordemos que en varias ocasiones Jesús declaró ser igual al Padre (Jn 10,30).

¿Cómo hay que entender que Jesús dijera que el Padre era más grande que Él?
Lo explica santo Tomás de Aquino, quien aclara que “el Hijo no es inferior al Padre, sino igual. Pues el Padre no es mayor que el Hijo en poder, eternidad y grandeza, sino por la autoridad de ser dador. Porque el Padre no recibe nada de otro..., pero el Hijo, recibe, por así decirlo, su naturaleza del Padre, en una generación eterna. Así que el Padre es mayor porque da, sin embargo el Hijo no es inferior, sino igual, porque recibe todo lo del Padre. ‘Dios le ha dado el nombre que está sobre todo nombre’        (Flp 2,9)” (Tomás de Aquíno, Super Ioannem, cap 14, lect 8, 1971).

Al saber que el Padre y el Hijo comparten la misma naturaleza divina, tal vez alguien se pregunte: ¿qué hay con respecto a la naturaleza humana de Cristo?, ¿también el Padre la comparte? La respuesta es no. Jesús es la única Persona de la Santísima Trinidad que se encarnó. Sólo Él vino a compartir nuestra naturaleza humana. Sólo Él tiene dos naturalezas: la Divina, que lo hace igual en todo a Dios Padre, y la humana, que lo hace semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado (Heb 4,15).

La que nos ocupa hoy es otra más de las afirmaciones del Credo que establecen claramente que Jesús no fue solamente un gran hombre, un gran profeta, un gran líder religioso como algunos lo consideraban y consideran, sino que es Dios mismo. Siendo de naturaleza divina, tomó también nuestra naturaleza humana, y conservó ambas naturalezas. El Concilio de Calcedonia lo definió así: “Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona” (Concilio de Calcedonia; DS, 301-302). (CIC núm. 467)

¿Qué implica esto para nosotros?
¡Algo extraordinariamente alentador! Que contamos con el más perfecto intercesor posible, porque es Dios, así que todo lo sabe y todo lo puede, y es también Hombre, así que nos comprende y acompaña; no nos contempla indiferente desde el cielo, sino que se conmueve y está siempre dispuesto a tendernos la mano. Como dice el texto bíblico: “Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Heb 4, 14-16).

1. Reflexiona y comparte
¿Qué implica que Jesús tenga dos naturalezas, la divina y la humana?

2. Pregunta
¿Jesús posee una naturaleza divina o una humana?
Respuesta: Ambas. “Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios. La encarnación es, pues, el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo.” (Catecismo de la Iglesia Católica, núm.481 y 483).

3. Lo dijo el Papa
“¡Qué maravilloso y a la vez, sorprendente es este misterio! Nunca podremos meditar suficientemente esta realidad. Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios como propiedad exclusiva; no quiso utilizar su naturaleza divina, su dignidad gloriosa y su poder, como instrumento de triunfo y signo de distancia con respecto a nosotros. Al contrario, "se despojó de su rango", asumiendo la miserable y débil condición humana... Pero todo esto no fue fruto de un mecanismo oscuro o de una fatalidad ciega: fue, más bien, una libre elección suya, por generosa adhesión al plan de salvación del Padre. Y la muerte a la que se encaminó -añade San Pablo- fue la muerte de cruz, la más humillante y degradante que se podía imaginar. Todo esto el Señor del universo lo hizo por amor a nosotros: Por amor quiso "despojarse de su rango" y hacerse hermano nuestro; por amor compartió nuestra condición, la de todo hombre y toda mujer” (Benedicto XVI, Audiencia General, 9 de abril de 2009).

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